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Busca lo que necesitas hacer y ábrelo. No hace falta leerlo todo, ni de corrido.
No encontramos nada con eso. Prueba con otra palabra, o escríbenos y te ayudamos.
Algunos grupos y algunas respuestas llevan una marca como Con pedidos o Con mesas. Quiere decir que esa pantalla es de un paquete más completo que el tuyo: si no la encuentras en tu panel, no es que esté escondida — es que ese servicio no está contratado. Se puede activar cuando quieras, sin perder nada de lo que ya tienes capturado.
La descripción es lo que hace que se antoje. «Con piña, cilantro y cebolla» vende más que solo «Taco de pastor».
El precio nuevo se ve en tu carta al momento. No tienes que avisarle a nadie.
Sigue apareciendo en tu carta pero marcado y sin botón para pedirlo. Cuando vuelva a haber, apagas el interruptor. Es mejor que borrarlo: si lo borras pierdes su foto y su descripción.
Súbelas cuadradas, de 800×800 para arriba. Así tú decides qué queda dentro de la foto en lugar de que la recorte el sistema. Para quitar una foto, toca la ✕ que sale encima de ella.
Las categorías son las secciones de tu carta. Un cliente que abre tu menú las ve como botones hasta arriba.
Pon primero lo que más te deja. La gente pide mucho de lo que ve al principio.
Ejemplo: grupo «Tamaño» obligatorio con Chico $0, Mediano $20, Grande $35. Y grupo «Extras» donde puede escoger varios: queso $15, aguacate $20.
Sirve para cargar tu carta completa el primer día. Antes de aplicar nada te enseña exactamente qué va a pasar: cuántos se crean, cuántos se cambian y si hay algún error.
Desaparece de tu carta pero se queda guardado con su foto, su precio y sus opciones. Para platillos de temporada es mucho mejor que borrarlos.
Al mandarlo por WhatsApp se ve la foto de ese platillo con su precio, no tu logo. Y quien lo abra cae en tu menú con ese platillo listo para pedirlo. Es lo que le pasas a un cliente que pregunta por algo, y lo que pones en tus historias.
Entre dos platillos que no conoce, la gente pide el que dice qué trae. Y esa misma frase es la que se ve cuando alguien te busca en Google o comparte tu platillo por WhatsApp: sin ella, ese platillo compite con las manos vacías. Es la mejora más barata que le puedes hacer a tu carta.
Los dos caminos son el mismo pedido. El pedido se guarda antes de abrir WhatsApp, así que aunque el cliente cierre el teléfono, a ti ya te llegó.
Confirmar rápido es lo que hace que el cliente no se arrepienta y pida en otro lado.
La comanda es la que va a la cocina: solo lo que hay que preparar. La orden de entrega es la que se lleva el repartidor: lleva la dirección, el total y el código QR del mapa.
Trae un código QR: el repartidor lo escanea con su celular y se le abre el mapa hasta la puerta del cliente.
Te sirve a ti para no perder el hilo cuando hay diez pedidos al mismo tiempo.
Pasa cuando el cliente cierra WhatsApp antes de darle enviar. El pedido nunca se pierde, porque se guarda antes de abrir WhatsApp. En tu pantalla de inicio te avisamos cuando hay pedidos así esperando.
Es para el día que se llenó la cocina o se descompuso algo. Tu carta se sigue viendo pero nadie puede pedir. No toca tus horarios, así que cuando lo apagues todo vuelve como estaba, sin que tengas que acordarte de nada.
Solo se le ofrecen horas en las que vas a estar abierto, según tu horario. Si además prendes «Aceptar pedidos programados aunque estés cerrado», una noche cerrada se convierte en pedidos de mañana temprano.
Es para las cartas donde el mismo nombre existe en dos secciones: el «Pulpo» de los ceviches y el «Pulpo» de los cocteles, el «1 pza» de pollo y el «1 pza» de tiras. Encendido, a la cocina le llega «Ceviches · Pulpo» en el WhatsApp, en la comanda impresa y en tu pantalla de pedidos. Si los nombres de tu carta ya se entienden solos, déjalo apagado: repetir «Pizzas» delante de cada pizza solo alarga el renglón.
Sirve para lo que no viaja: el pescado entero para compartir, la comida corrida del mediodía. Tu mesero sí lo ve en su pantalla; la carta de internet no. Y al revés: hay cosas que solo tienen sentido a domicilio.
Es la red por debajo del panel: la tableta se durmió, la cajera salió a la bodega, el pedido cayó a las once de la noche. El correo te llega al teléfono aunque tengas el panel cerrado, con el folio y el total en el asunto. Solo de los pedidos que sí viajaron a WhatsApp, no de los carritos que alguien dejó a medias.
Aparece un campo opcional de correo al pedir. A quien lo escriba le llega el detalle de lo que pidió, y otra vez cuando tú confirmas con un tiempo. Sirve para el que dos semanas después pregunta qué le cobraron: en WhatsApp la conversación ya se fue hacia arriba, el correo se busca. Ten en cuenta que es un campo más que llenar, y en un pedido cada campo cuesta.
Esto es para el restaurante donde la gente se sienta. En tu panel son dos pantallas: Mesas, que es el mapa del salón donde se trabaja todos los días, y Configurar mesas, donde se dan de alta una sola vez. Si tú solo vendes para llevar o a domicilio, este grupo no te toca.
El nombre puede ser lo que tú les digas: «1», «Terraza 3», «Barra». Es lo que va a ver tu mesero, así que ponle lo que ya usan de boca.
Una mesa está en una zona o en ninguna, nunca en dos. En el mapa aparecen agrupadas, y con veinte mesas eso es la diferencia entre encontrar la tuya y buscarla.
Apagar no es borrar. La mesa deja de salir en el mapa de tus meseros, y el día que la vuelvas a usar la prendes y sigue con todo su historial. Es lo que se usa cuando se guarda la terraza en temporada de lluvias.
Lo que ya se cobró en esa mesa no se pierde: tus cuentas viejas siguen diciendo «Mesa 7» aunque la mesa 7 ya no exista. Aun así, si solo la quitaste por un tiempo, mejor apágala: apagada se puede volver a prender.
Mientras no toque Mandar a la cocina, lo anotado es un borrador: no le llega a nadie y no cuenta como venta. Puede corregirlo con toda calma delante del cliente.
Los PIN son distintos entre sí en un mismo local: es lo que permite que el sistema sepa quién es cada quien con solo teclearlo. Si repites uno, te avisa. Y para quitar a un mesero que ya no trabaja contigo, su tachita.
El PIN no es una puerta, es una firma: dice a nombre de quién sale esa ronda. Así, en tus reportes, cada platillo cuenta para el mesero que lo anotó, aunque todos usen la misma tableta.
Si la cocina todavía no lo hizo, no pasa nada y no te cuesta nada. Si ya estaba hecho, márcalo así: ese platillo se descuenta de la venta y se suma a la comida perdida del mes, que es un número que conviene mirar. Y a la cocina le sale el aviso impreso, para que no lo sigan preparando.
Va en la misma cuenta, porque es la misma gente y el mismo pago. Lo que cambia es la cocina: en la comanda sale marcado, y así lo emplatan en desechable y no en plato.
Si esa mesa ya había pedido —llegaron en dos tandas— también se puede: sus platillos se pasan a esta cuenta y se cobra todo junto. El selector te avisa cuál está ocupada antes de que toques el botón. Cuando terminen, cada mesa se suelta sola al cobrar; no tienes que acordarte de nada.
Se va todo con ellos: lo que pidieron, lo que está en la cocina y el tiempo que llevan esperando. La mesa de la que salieron queda libre en ese mismo momento. Ya no hay que cobrar y volver a anotar.
El reloj empieza cuando la mesa pide, no cuando se sienta. Una mesa recién sentada dice «Sin pedir», que es la verdad; un reloj corriendo ahí diría que llevan veinte minutos esperando cuando acaban de llegar.
Los meseros anotan; la caja cobra. Están separadas a propósito: quien toma la orden no toca el dinero. Todo esto vive en la pantalla Caja.
Una mesa que se abrió por error y no pidió nada no aparece aquí: tu mesero la suelta desde su pantalla y ya. Así la caja solo ve mesas con dinero de verdad.
Se divide por lo que consumió cada quien, que es como se divide de verdad, y no en partes iguales. Lo ya pagado no se puede volver a cobrar: queda marcado para que nadie lo cobre dos veces.
Siempre pide el motivo, y no es burocracia: al final del mes esa lista te dice cuánto regalaste y por qué. Un «se tardó la comida» repetido veinte veces es una conversación con la cocina, no un gasto.
Puedes imprimirla antes de cobrar —que es lo que pide el cliente cuando quiere revisar— y también después, como comprobante. No es un comprobante fiscal, y el papel lo dice.
El corte no borra nada: limpia la pantalla del turno y lo anterior queda guardado. Toca cualquier corte viejo y te dice de qué hora a qué hora abarca, cuánto entró por cada forma de pago —con eso cuadras tu cajón contra el papel de la terminal—, qué mesas lo componen y cuánta comida se perdió. Y se imprime, para engraparlo al dinero del turno.
Al abrir una cuenta ves quién la atendió, lo que pidieron ronda por ronda, lo que se quitó y por qué, cómo se pagó, y un diario con horas y nombres. Es lo que sirve cuando alguien reclama.
Pasa de verdad: «ya pagamos… tráenos otro café», o se cobró mal. Queda anotado quién la reabrió y por qué. Si en esa mesa ya se sentó otra gente, no te deja: primero hay que cerrar la cuenta nueva.
Un cajero ve tres pantallas y nada más: Caja, Gestión de Pedidos y Mesas. No entra a tus reportes, ni a tu menú, ni a tu configuración. Al entrar aterriza directo en la Caja.
Aquí abajo la pantalla se llama Mi negocio. Si tienes más de un local se llama Gestión de Sucursales y es una lista: entra y toca el local que quieras cambiar. De ahí en adelante todo es igual.
Esto es lo que decide si tu menú dice «abierto» o «cerrado». Si tu horario está vacío, tu carta se ve abierta a toda hora, todos los días. Si abres y cierras a la misma hora varios días, captura uno y usa el botón de copiar a los demás.
Ese día tu carta avisa que estás cerrado y no acepta pedidos, sin que tengas que tocar tu horario normal.
Este es el número al que te llegan los pedidos. Si está mal o vacío, los pedidos de esa sucursal no llegan a ningún lado. Ponlo con lada del país: 52 y tus diez dígitos.
El buscador te deja cerca, no en tu puerta. Acierta la calle pero casi nunca el número, así que el último toque es el que cuenta — y es el que ve tu cliente cuando abre el mapa para llegar. Si cobras el envío por distancia, los kilómetros se miden desde ese pin: mal puesto, a todos les sale un costo equivocado.
También puedes poner envío gratis a partir de cierto monto. Al cliente se le dice cuánto le falta para alcanzarlo, y eso hace pedidos más grandes.
Cuando tienes más de una, a tu cliente se le pregunta de cuál quiere pedir, y su pedido llega al WhatsApp de esa sucursal.
Es el dato que más pesa para que te encuentren en Google: la gente no busca «birria de res», busca «birria de res» y su ciudad. Se llena una sola vez.
Puedes poner el tuyo y el de tu contador, por ejemplo. Ahí llegan tu resumen del mes y los avisos de tu negocio.
En tu pantalla de inicio también ves lo más importante de un vistazo: ventas del mes, pedidos de hoy y tu ticket promedio.
Es el que le pasas a tu contador.
Puedes hacerlo con pedidos viejos también, no solo con los del día.
Úsalo al revés también: lo que casi nadie pide, o le cambias la foto y la descripción, o lo sacas de la carta.
Cosas como «8 clientes que compraban seguido dejaron de venir» o «tus entregas están tardando 76 minutos». Si no hay nada raro, no sale nada: un aviso que aparece todos los meses deja de leerse al tercero. El más valioso es el de los clientes que se fueron — ya te conocen y ya les gustó, recuperarlos cuesta un mensaje.
Llega solo para que no tengas que acordarte de entrar a revisar. Trae los mismos avisos que ves en Reportes, explicados.
Si lo tienes con fondo transparente (PNG), súbelo así: se ve bien en cualquier fondo.
En esa misma ficha cambias la tipografía, qué tan redondeadas se ven las tarjetas y el tamaño del texto.
Es la foto grande que sale cuando alguien pega tu enlace en WhatsApp. Un enlace con foto se toca mucho más que uno que solo dice la dirección. Lo que mejor funciona es una foto real de tu comida con tu logo encima.
Para quien reparte con un servicio de fuera, que pone precio cuando le dices a dónde va. Tu cliente ve «Envío: por cotizar» desde el principio y un aviso de que le vas a decir cuánto es por WhatsApp antes de que salga nada —así el total que lee no lo sorprende en la puerta. Con esto encendido, tu tarifa fija, el cobro por distancia y el envío gratis dejan de aplicarse: no se puede cobrar ni regalar algo cuyo precio todavía no se sabe.
Los dos números que mueven decisiones son el consumo por persona —si baja con las mismas mesas, estás vendiendo menos por comensal aunque el total se vea igual— y los minutos que ocupan la mesa, que es tu rotación: cuántas veces puedes volver a sentar gente un sábado. Para que salga el consumo por persona hay que apuntar cuántos son en la mesa. Si nadie lo apunta, el sistema no se lo inventa: te avisa y no enseña el número.
Cada platillo cuenta para quien lo anotó, así que la suma de tus meseros da exactamente la venta de tu salón: puedes pagar un bono con este número sin sacar la calculadora. Y el mesero que ya no trabaja contigo sigue apareciendo en el mes en que sí trabajó.
Con la primera decides dónde sentar al grupo y dónde a la pareja que llega temprano. Con la segunda, a qué hora necesitas más gente en el piso: el domicilio y el comedor casi nunca se llenan a la misma hora.
Salen hasta arriba de tu carta, antes de los platillos. Puedes poner una general para todas tus sucursales, o una distinta para cada local.
Tu cliente lo escribe al terminar su pedido. Puedes ver cuántas veces se ha usado cada uno.
El Encargado puede atender pedidos y cargar el menú, pero no ve tus reportes de ventas ni puede cambiar tu configuración. Es el nivel para quien está en el mostrador.
Si no te llega el correo, revisa tu carpeta de spam. Si aun así no llega, escríbenos y te la reponemos.
El código QR lo puedes generar gratis en cualquier página de QR con tu dirección. Pégalo en las mesas, en la ventana y en las cajas para llevar: el cliente que ya comió contigo es el que más fácil vuelve a pedir.
El tiempo cuenta desde la última vez que tocaste algo, así que mientras estés trabajando no se cierra. El máximo son 12 horas y no se puede quitar: cubre el turno más largo, y más sería dejar tu panel abierto de un día para otro.
Si no encuentras lo que buscabas contáctanos al WhatsApp 9994340494. seguramente lo podemos resolver.